Fuente de foto: www.ocw.unican.es

Córdoba fue objeto de una preciosa tradición, por desgracia casi perdida y poco conocida, que la definía y bendecía como la Jerusalén de Occidente, tratando de acentuar el carácter sagrado de su solar desde tiempos realmente lejanos, en concreto el área que ocupó más tarde la Mezquita de Córdoba, hoy Catedral. Es apenas un rescoldo, una pequeña brasa resguardada por las cenizas en el tiempo que todavía puede ser avivada. De esa valiosa tradición, que nos habla de paz, tolerancia y sabiduría, apenas nos quedan varios testimonios fosilizados en piedra, yeso y pergamino. Esa consideración recuerda también la visión que los antiguos tuvieron de nuestra tierra, desde los mitos griegos entorno al Jardín de las Hespérides cuyas manzanas de oro debía obtener el héroe Heracles o Hércules, a la tierra prometida en la que se convirtió Al-Ándalus para Oriente durante la Edad Media.

Es precisamente la cultura andalusí la que se encargó de reforzar esa visión idílica, consciente del atractivo y esplendor alcanzado por el Califato Omeya de la Gran Biblioteca de Al-Hakam II en la tierra de Séneca, Lucano o Albucasis. Corduba inclyta fons sophiae, famosa fuente de sabiduría. Parece que es en ese clima cultural y científico donde fragua la tradición, alcanzando a veces notas de cierta euforia como veremos.

Alguna de las pocas noticias que nos ha llegado, evidentemente exagerada, nos remite incluso a tiempos bíblicos, como la transmitida por el cordobés Ibn Hayyan, considerado por muchos el gran historiador de la Edad Media hispánica, quien nos relata: “… que el lugar donde ahora se alza la aljama (Mezquita principal) era una gran hondonada en la que los cordobeses solían arrojar sus desperdicios y enterrar allí a sus muertos. Cuando Salomón, el hijo de David, llegó a al-Ándalus pasó por Córdoba e hizo alto frente a ella… <<Rellenad y nivelad este lugar, pues aquí se alzará un templo en el que se rendirá culto a Dios Altísimo>>… Acabado esto (el templo) puso a algunos rabinos israelitas para que lo poblaran y establecieran allí las Leyes de la Torá … hasta que Dios envió a Jesús y se difundió el Cristianismo, con lo que el templo se convirtió en iglesia…”.

Claro está que el rey Salomón nunca pasó por la Corduba prerromana que, por cierto, sí conocerían muchos fenicios pero que se situaba además en la Colina de los Quemados, a casi un kilómetro de esta zona. La diáspora que instalará a una importante comunidad judía aquí y en el resto de Sefarad no sucede hasta época romana. Poco conocemos del solar de la futura Mezquita-Catedral en aquellos momentos, que no se urbaniza hasta la ampliación altoimperial de Colonia Patricia Corduba hasta el río. Aun cuando no haya sido demostrado por la evidencia arqueológica, no es descartable que la plaza monumental que recibía a viajeros y mercancías tras la puerta romana del puente, ahora fosilizada en la Plaza del Triunfo, estuviera presidida por un templo romano a mayor altura.

Mihrab de Al-Hakam II en la Mezquita de Córdoba. (Fuente de foto: www.flickr.com)

Pero podemos al menos deducir del texto de Ibn Hayyan que el solar albergó sin duda una sinagoga y que era de un marcado carácter sagrado para las tres religiones “del Libro”. Esto explicaría el paralelismo advertido por la cultura andalusí entre Córdoba y la historia del Templo de la Roca en el Monte Moria, lugar también sagrado para judíos, musulmanes y cristianos. Hay además quien apunta a un posible origen de esta tradición en una inscripción de un texto del Corán, junto al mihrab del califa Al-Hakam II en la Mezquita de Córdoba, que dice así: “…Dios ha hecho descender sobre ti, oh Profeta, el Libro con la verdad atestiguando a los que le precedieron. Hizo descender el Pentateuco y el Evangelio, anteriormente, como guía para los hombres…”.

Inscripción inaugural de la Sinagoga de Córdoba (Fuente de foto: www.turismoandaluz.net)

Más tardío es un extraordinario documento generado por la comunidad sefardí mucho después incluso de la Toma cristiana de la ciudad por el rey castellano Fernando III “el Santo”. Ésta es la traducción de la inscripción inaugural que aun reza, de forma afortunada, en el muro Este de la Sinagoga de Córdoba. Se debe al año 1315, cuando la tradición todavía se conservaba, pues es verdaderamente significativa la alusión final: “Santuario en miniatura y morada del Testimonio que terminó Ishap Moheb, hijo del señor Efrein Wadowa el año setenta y cinco. ¡Asimismo vuélvete, oh Dios, y apresúrate a reconstruir Jerusalén!”

Catedral de Saint Paul en Londres (Fuente de foto: www.photography-aerial.com)

Será tiempo después otra gran ciudad occidental la que retome esa tradición, eso sí, por motivos bien distintos. Tras el Gran Incendio de Londres, que arrasó la vieja ciudad medieval en septiembre de 1666, fue Sir Christopher Wren, último Gran Maestre de la francmasonería operativa de Inglaterra, el encargado de reconstruir la ciudad después del incendio, así como la Catedral de Saint Paul. Bien conocido es el celo con el que la masonería preserva y aplica a través de la arquitectura los preceptos de la Geometría Sagrada del Templo de Salomón en Jerusalén. Desde entonces la gran urbe británica se convirtió en el gran referente financiero y cosmopolita de Occidente.

Pese al olvido y las atrocidades que el devenir histórico posterior nos ha deparado, especialmente debido a la intolerancia y a la intransigencia de capítulos importantes que nos hablan de mártires, ejecuciones despiadadas y persecución inquisitorial, Córdoba sigue siendo ciudad de encuentro y concordia a la vez que capital cultural de referencia consolidada. Nunca desperdiciemos o infravaloremos la importancia que nuestros ancestros dieron a tradiciones de tan profundo significado y que tan bello eco hacen resonar en nuestros días.

Tal vez la Arqueología desvele en adelante detalles que aporten luz a estos entresijos de nuestro milenario pasado. Mientras, hemos de recuperar esa huella casi borrada de nuestra memoria, una hermosa tradición que nos habla de la percepción que las civilizaciones tuvieron al llegar a nuestra Córdoba, y que la vieron precisamente como la Jerusalén de Occidente . Un bonito ejemplo que hemos de recuperar también para el mundo.

José Carretero Seoane