La Cuesta del Bailío

La Cuesta del Bailío es una de las calles más conocidas y hermosas de Córdoba. Acompasada con la Plaza de Capuchinos gracias a los muros blancos que enmarcan la subida, nos conduce hasta ella, por uno de los accesos antiguos que comunicaba las dos zonas amuralladas de Córdoba. En la parte alta encontramos una fuente barroca de mármol negro, a los pies de la fachada del palacio que da nombre al lugar.

Una subida de 32 escalones en hermoso enchinado cordobés nos permite apreciar el desnivel existente entre la medina y la ajerquía.  Un arco daba acceso y nombre al lugar, que fue conocido como Portillo de Corbacho, o de Fuenseca. En 1711 se derriba el arco, y la fuente que le daba nombre fue trasladada  al centro de la cercana plaza, para  en 1808 ubicarla donde la vemos hoy. No es una fuente de poco agua, a pesar del nombre. Pero sí lo fue cuando originalmente se ubicó junto al portillo, dándole nombre también a este.

Algunas referencias la nominan puerta de Corvache, o Corbacho. Ese nombre también se ha usado para referir otro arco cercano y más conocido como Portillo, ya en el trazado de la calle San Fernando.

 

A medida que vamos subiendo por la escalinata, a la derecha, el solemne muro  de los Huertos del Convento de los Capuchinos sostiene una nube de buganvillas fucsias, que impresiona al paseante. A la izquierda el muro solo queda decorado por cruces de madera de lo que fuera un viacrucis. Los escalones amplios, invitan a un ritmo pausado en la subida, e incluso a la pausa para observar el enchinado cordobés que cubre 31 escalones. Con piedras negras se dibujan curvas y volutas, sobre un fondo de piedras blancas.

El Palacio del Bailío

Culmina la escalinata la fuente neo-barroca de mármol negro, adosada sobre el muro de formas curvas que bifurca la cuesta. Queda así conformada una terraza a la puerta del palacio, que domina la escena. Un ciprés solitario compite en altura con la espadaña  de la Iglesia de los Dolores. El color ocre y almagra sobresale por encima de los muros blancos de la iglesia del antiguo hospital de San Jacinto.

La casa palaciega  perteneció a la ilustre familia Fernández de Córdoba. Obra de Hernán Ruiz, fue residencia del primer bailo de Lora, Frey Pedro Nuñez de Herrera, sobrino ilegítimo del Gran Capitán, con quién lucho en Granada y Nápoles. Tal estatus concedía  al caballero de la orden de San Juan, la potestad de administrar justicia, bajo el amparo real.

El edificio, propiedad de la fundación suiza Ousseimi,  es la sede de la biblioteca viva Al-andalus, gestionada por la Fundación Paradigma, y funciona como un centro cultural abierto que pretende dar a conocer la cultura andalusí. Dicha institución ha tomado como logotipo la fachada del palacio.

En la portada tardogótica, obra de Hernán Ruiz II, un tímpano plateresco más amplio que la anchura del portón, se sostiene sobre dos pilastras a modo de columnas salomónicas.  La fragilidad de la piedra caliza que la compone, ha borrado en gran medida la decoración aquí contenida,  así como la dos óculos ciegos que vemos por encima.  Toda la escena queda enmarcada por un alfiz.

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Texto

N.C.C. F.O.T.G.                                                                                      Que ver cerca: Plaza de Capuchinos        

Biblioteca Viva De Al-Andalus                                                                                        Murallas y Puertas de Córdoba

Cuesta del Bailío, 3

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