PUERTA DEL PERDÓN

No pocas Catedrales o templos nominan a uno de sus pórticos como puerta del Perdón. Entre ellos algunos tan importantes como Sto. Toribio de Liébana, o la propia catedral de Santiago, que conceden indulgencia plenaria a quién acceda al Templo a través de él, como punto final de una peregrinación.

Y aunque no todos los pórticos conceden pleno perdón de los pecados, dicho nombre va asociado a la indulgencia. Sería el Obispo de la ciudad de Córdoba quién lo concediera en este mismo lugar donde toma posesión de la cátedra episcopal. En caso de que el consejo de la ciudad asistiera como corporación a las funciones religiosas, o la visita de un rey a la ciudad son momentos escenificados en este lugar. Hoy en día es lugar por donde acceden al Templo las cofradías que realizan la estación de penitencia, para salir por la de Santa Catalina.

El trazado original de la puerta del Perdón lo adquiere en 1377, cuando por voluntad del monarca Enrique II, se realizan las obras destinadas no sólo a la puerta sino que el conjunto afectaría al complejo arquitectónico de torre y pórtico. Comenzaron dichas obras en el mes de Marzo y sabemos esto porque lo atestigua una de las inscripciones que podemos encontrar en el arco. Así la puerta queda decorada con fino estuco que cubre el frontal, formando el arco de herradura apuntado, con una imagen muy próxima a la original. En ambas enjutas pueden verse escudos coronados que certifican la obra real. Son los escudos de armas de Castilla y Portugal.  Una gran puerta de 9,45 m de alto por 1,93m de ancho, hecha en madera de pino pero cubierta de hojas de bronce decoradas con lazos y letreros cúficos se presenta imponente cuando está cerrada pero en gran consonancia con las yeserías del frontal. Hermosas las aldabas que a menudo pasan desapercibidas.

Cuando la puerta está cerrada es más apreciable la concepción de todo el conjunto y como el Pórtico no solo es el arco exterior sino que otro paralelo, hacia el interior, crea un espacio rectangular de acceso al patio de los Naranjos. Este espacio queda cubierto actualmente por una bóveda con hermosas yeserías florales realizada en 1740 bajo el mandato del obispo D. Pedro de Salazar y Góngora cuyo escudo encontramos en la clave. Es entonces cuando se reforma la linterna, y las pechinas se dotan con las representaciones de los cuatro evangelistas.

Las obras de consolidación de la torre efectuadas entre 1656 y 1660 afectan a la puerta del Perdón dándole su aspecto actual. Debe recomponerse el cuerpo superior, hacer un campanario provisional sobre el pórtico, y un arco de descarga hacia el este, apoyado sobre la fachada. Deben cerrarse también los arcos laterales para albergar una nueva escalera. Se hace, hacia el sur un balcón con balaustrada, decorado cien años después con la escultura de yeso de san Miguel. Santo de devoción del obispo Miguel Vicente Cebrián, quien manda su ejecución.  . También pediría la representación de este santo en la decoración del trono episcopal de la sillería del coro. También en esta época (1741), se construye la casa del campanero.

El maestro mayor encargado de las obras será Sebastián Vidal, a quien continuará Gaspar de la Peña. Es entonces cuando se añade la cornisa superior, el friso en cuyo centro encontramos la escultura de Dios Padre, y el arco de medio punto rebajado. Este arco apoyado sobre los pilares laterales, soporta el friso y enclava un juego de tres arcos lobulados, de los cinco originales, ya que dos se pierden por la intervención. Aunque si se mantiene el arco ojival que supone la entrada, también se pierden los frescos originales que decoraban dichos arcos lobulados, aunque estos son sustituidos por representaciones de San Rafael y San Miguel, arcángeles en los arquillos laterales, y de Santa María de la Asunción, virgen nominal del templo en el arquillo central. Todas ellas obras del pintor cordobés Antonio del Castillo.

Es sin duda el acceso principal y más monumental al Patio de los Naranjos. Pero no el único. Hoy en día son seis las puertas de acceso al patio. De este a oeste, Sta. Catalina, de la grada redonda, del caño gordo, del Perdón, de la leche, y de Deanes. Quedan restos de otra antigua puerta en la fachada norte, hoy con aspecto de ventana enrejada, próxima a las taquillas, perdida en el momento de la ampliación hacia el este hecha por Almanzor.

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