MEZQUITA-CATEDRAL DE CÓRDOBA

Junto al río Guadalquivir a su paso por la ciudad de Córdoba, se encuentra uno de los edificios más emblemáticos de Occidente. La Mezquita-Catedral. Adentrarse en su interior o pasear por su perímetro, supone un recorrido por el Mediterráneo (autopista de la antigüedad), recogiendo de sus costas influencias culturales y arquitectónicas.

Su solemnidad a lo largo de los siglos, ha provocado arrodillarse ante sus arcos o postrarse ante sus cruces. Límite material de lo divino y de lo humano, refugio de arte y técnicas constructivas, asilo de materiales saqueados de un pasado de esplendor.

La Mezquita Catedral de Córdoba, nos abre sus puertas y nos adentra en una dualidad casi infinita, como si sus dovelas bicromáticas acontecieran la inexorable unión de dos mundos, Oriente y Occidente, la intensa luz de sus lucernarios caen por la tenue penumbra de sus columnas. Sus dobles arcadas lanzan sus formas a un espacio ajeno al tiempo. Abrazo y respeto se brindan en sus muros, secretos y mentiras respiran en su patio, jamás la historia ha sido tan hermosa como cuando no se olvida.

Gran edificio religioso islámico consagrado al culto católico en 1236, bajo la advocación de la Asunción de la Virgen y con el nombre de Santa María La Mayor.

Ubicada al borde de una antigua vía romana y ocupando parte de una trama urbana ya existente, se presenta un edificio destinado en el islam a la oración comunitaria, así como lugar de reunión y sede de justicia.

La Mezquita Aljama, por lo general la de mayor tamaño de cada ciudad, congregaba cada viernes a mediodía a la aristocracia árabe y a sus fieles. Desde su Alminar eran llamados a la oración por el almuédano en alabanza de la unicidad y gloria de Allah.

El modelo clásico responde a un edificio de planta rectangular en el que se aprecian dos zonas bien diferenciadas, el patio y el oratorio de planta basilical dividida en varias naves, la central de mayor anchura que las laterales más angostas, al fondo, perpendicular a ellas, se dispone el muro de quibla en cuya parte central se abre un nicho u hornacina llamado Mihrab.

HISTORIA DE LA MEZQUITA

Mezquita fundacional

La primera mezquita fue construida por Abd al-Rahman I (el inmigrado) entre el 786-788; aquel que consiguiera huir de los estandartes negros de los abbasíes en Siria, un periplo que le llevó cinco años, atravesando el Eúfrates, Palestina, Egipto y norte de África hasta llegar a una tierra lejana y desunida, para instalar la continuidad de su linaje, iniciando, el periodo de los Omeyas hipanizados.

Abd al-Rahman I, negocia con la comunidad mozárabe la compra de la parte de la Iglesia que aún se utilizaba para el culto cristiano, cien mil dinares, reproduciéndose así el relato de la fundación de la Aljama de Damasco sobre el Templo de San Juan Bautista.

Mezquita fundacional

Mezquita fundacional

Esta Mezquita era de planta casi cuadrada, repartida en sus dos partes fundamentales, patio y oratorio. El oratorio se dividió en once naves perpendiculares al muro de la Qibla, punto de referencia para los fieles hacia la Meca. La orientación de esta Mezquita fundacional, respetada en las sucesivas ampliaciones, es NO-SE, la adaptación a una trama urbana preexistente, disponibilidad de la antigua iglesia o la geografía sagrada que proporciona su alineación con las mezquitas sirias, podrían justificar dicha orientación.

Las naves se encuentran separadas por arcos de herradura y de medio punto sobre columnas reutilizadas de los edificios romanos y visigodos, cuyas ruinas eran abundantes. Para elevar la techumbre a conveniente altura, se diseña un modelo donde radica su invención crucial. Cimacios y capiteles reutilizados ,y sobre ellos, pequeños pilares de planta cuadrada sobre los que arrancan los arcos de herradura que sin sujetar nada, sirven de arriostramiento. Los arcos superiores de medio punto, para el apeo de techumbres y cubiertas.

Estos arcos se componen de dovelas de piedra que se alternan con grupos de ladrillo rojo. La dualidad cromática se convierte en sello y código genético del edificio.

Los sillares a soga y tizón de su muro exterior, junto a sus gruesos contrafuertes, entre los cuales se ubican puertas como la de San Sebastián modelo de todas las demás, y su remate de almenas escalonadas de origen sirio, otorgan al edificio un aspecto de fortaleza. Quizá de la fe, o quizá custodia de la belleza infinita.

A esta Mezquita fundacional se debe añadir las obras en el patio de Hisham I, su hijo. Será él quién  construya las galerías para la oración de las mujeres, levante un alminar (hoy recordado en una placa), y un lavatorio o pila de abluciones, precepto de fe antes de la oración.

Ampliaciones de la Mezquita

Abd-al Rahman II

En un periodo fructífero de política y cultura, Abd al-Rahman II, entre el 833 y el 848 restaura y amplía el templo. Esta ampliación se realiza en doble dirección, la sala de oración hacia el sur, y la del patio en dirección norte. En el oratorio añadió nueve tramos a las once naves, destruyendo el antiguo mihrab, para contener el empuje de las nuevas andanas, al edificio se le dotó de pilares de protección. Ochenta columnas se incorporaron, de las que hoy sólo quedan cincuenta. Se destacan de entre ellas tres acanaladas, dos en vertical y una en espiral. También en esta ampliación es regular el uso de capiteles y cimacios de origen preislámico, mientras que las arquerías continúan repitiendo la estructura de la Mezquita fundacional.

Dos entrepaños y dos contrafuertes corresponden a esta ampliación en la fachada occidental. Junto a ellos encontramos una puerta con intervenciones cristianas. La Puerta de San Miguel con incisión gótica del escudo del obispo Juan Daza.  Es en ella donde la tradición sitúa la puerta del Sabat, pasadizo cubierto y abovedado que unía el Templo con el Alcázar emiral, construido por Abd Allah, para protección de la corte. Es en esta ampliación, dónde más afectó las obras del Crucero y Coro en el siglo XVI.

El 16 de enero del 929, Abd al-Rahman III, da un paso decisivo para la historia de al-Andalus, proclamándose califa y emir de los Creyentes. La gran obra de este califa será sin duda la construcción de la ciudad de Medina Azahara, aún así, también dedicará tiempo y esfuerzo en la Mezquita Mayor de Córdoba.

El Alminar que construye, hoy revestido por el Campanario del Siglo XVI, fue con sus 47,14m de altura, la referencia visual de Córdoba, así como objeto de admiración. El empuje de las diez arquerías de la Mezquita primitiva sobre el muro que cierra al patio, obliga al nuevo califa a reforzarlo, anteponiendo otro muro al primitivo, compuesto por otros once arcos, mayor el central y algo más angostos los extremos, guardando la misma proporción

Al-hakam II

La llegada del Califato, trajo un periodo de esplendor y bienestar sin precedente, pero sin duda la fortuna se presenta en modo de dignatario con la llegada al trono de su hijo al-Hakam II. Es en este periodo donde el arte hispanomusulmán adquiere un lenguaje propio. El recuerdo y la inspiración de tierras lejanas han dado lugar a una identidad propia.

Será este Califa quien realice la parte más rica y exquisita de la Mezquita. Un único lema se defiende: “la exaltación de la belleza”.  Los trabajos de la ampliación fueron realizados en el curso de cuatro años, entre 962 y 965, en dirección sur, quedando por primera vez desproporcionada la superficie del patio. Se repite la estructura de la Mezquita primitiva, conservando la unidad del edificio. Pero a la misma vez se introducen novedades arquitectónicas y ornamentales que lo dotan de una sublime belleza, y asienta las bases de un estilo propio hispanomusulmán.

Estas novedades, se plasman fundamentalmente, en la nave central, en el muro de separación de la primera y segunda ampliación, y en la construcción de cuatro lucernarios que señalan e iluminan las partes principales de la misma. Estos espacios cupuliformes, de origen armenio, se levantan sobre el primer y último tramo de la nave axial.  Otros dos flanquean este último, y como una especie de crucero de intensa luz ilumina la parte más rica del edificio. La arquería del vestíbulo de la Qibla es un encaje minucioso de arcos polilobulados, solución hermosa y necesaria para la sujeción de una techumbre más pesada con la presencia de las cúpulas.

En esta nave central se dirigen nuestros pasos, como si fuera una vía procesional, hacia la parte más rica de la ampliación. Ese vestíbulo acontece un espacio donde los arquitectos y artistas de al-Hakam II acumularon esfuerzos para crear, arcos entrecruzados, mármoles, mosaicos de origen bizantino (regalo de su emperador Nicéforo Focas), dovelas cubiertas de fina ornamentación, y cenefas de letra cúfica que narran pasajes coránicos o alabanzas al califa.

Es la fachada del Mihrab el resumen y la consecuencia de un arte maduro y exquisito. En el intradós de sus jambas, se asientan un par de columnas procedentes del antiguo Mihrab de Abd al-Rahman II. Esta puerta central está cubierta de mosaico y de mármoles esculpidos en toda su anchura y altura. La decoración vegetal de los arcos ciegos, sobre el alfiz epigráfico, tiene su origen en la Siria de sus antepasados. En el interior, en su nicho sagrado, arcos ciegos y una bóveda en forma de elegante concha, custodia la esencia de un estilo admirado y respetado hasta nuestros días.

Almanzor

Nacido en Algeciras, y descendiente de uno de los pocos árabes llegados a la Península en el 711, Muhammad ibn Abi Amir apodado al-Mansur bi-llah, Almanzor en castellano, ejercita el poder efectivo en el Califato como primer ministro de Hisam II, un niño de poco más de once años que hereda el título de califa a la muerte de su padre al-Hakam II. Almanzor ordena la última y mayor ampliación, por extensión, de la Mezquita aljama de Córdoba. No se efectuó en profundidad, por la presencia del río y por respeto a la magnífica obra de la Maqsura de al-hakam.

Es por ello que las obras se ven obligadas a ampliar el oratorio hacia oriente. Ocho naves a lo largo de todo el edificio, quedando descentrado el Mihrab y la primitiva nave axial. La superficie total del edificio alcanzó los 22.400 m2 pudiendo albergar en su interior a 40.000 fieles. En las arquerías se siguió el modelo heredado, pero las dovelas que forman los arcos son todas de piedra, pintadas de rojo las intermedias para imitar al ladrillo. Los capiteles fueron tallados para esta obra, presentando algunos las marcas de sus canteros, son corintios y compuestos, pero están colocados sin regla alguna.

En superficie fue la mayor ampliación, pero la calidad no estuvo a la altura del espacio. Toda la fachada oriental que presenta hoy la Mezquita-Catedral, se levantó en esta fase, siete puertas abiertas entre los estribos aportan un equilibrio del cual carece la fachada occidental del templo.

UNA NUEVA INDENTIDAD PARA LA MEZQUITA

El 29 de Junio de 1236 los clérigos y obispos procedieron a la ceremonia de “dedicación”, presidida por el obispo de Osma. Así las normas exigían los ritos necesarios: Purificación del exterior, consagración del altar y celebración de la misa. A partir de este momento toda la antigua Mezquita de Córdoba quedó convertida en iglesia. La Iglesia de Santa María. Hubo que esperar hasta junio de 1239, tras la ceremonia de consagración del primer obispo, don Lope de Fitero, al tomar asiento en la cátedra, cuando se la convierte en catedral.

Mezquita-Catedral

Empieza para la Mezquita una metamorfosis en su ajuar y en su forma para adaptarse al nuevo culto. Los obispos, clérigos y nobles locales, deben dejar constancia de su vida piadosa y contar con espacios destinados a sus nobles sepulturas; esto conlleva a la rápida delimitación y construcción de capillas, que poco a poco introducen símbolos de su nueva identidad, Templo Catedralicio de la ciudad de Córdoba.

Mezquita-CatedralSe inicia esta ocupación en el lado occidental del edificio, delimitando espacios que acogen las nuevas capillas. Será un proceso paulatino y enriquecedor de estilos y artistas que la dotarán de aún más sabiduría. La primera capilla pudo ser la del Baptisterio, hoy Capilla de la Concepción, lugar destinado a la administración del bautismo. Hoy de su cerramiento original sólo queda la celosía mudéjar de yeso. En el siglo XVII se dedica a la Purísima Concepción de la Virgen María.

Todo el perímetro del edificio se ve ocupado por capillas y altares con el pasar de los siglos. Rincones de fe que cobijan tesoros de arte desde el siglo XIII hasta nuestros días. Capillas de gran riqueza y cargadas de simbolismo que requiere un recorrido minucioso.

Encontramos en el muro sur, la capilla de Santa Teresa o del Cardenal  Salazar y Sacristía Mayor, con el Panteón del cardenal Pedro de Salazar, y que custodia el Tesoro de la Catedral. Y la Capilla del Sagrario, con maravillosos frescos que revisten bóveda, paredes y arcos, obra del gran pintor César Arbasia.

En el muro Norte se cerraron los arcos que daban al patio, y entre 1597 y1627 se utilizaron los espacios como capillas, así como el muro Oriental abierto por Almanzor.

La construcción del Crucero en el siglo XVI, permite acoger capillas bajo los tres habitáculos creados por Hernan Ruiz I bajo la Sacristía del Altar Mayor, así como en los contrafuertes a los pies del Crucero o en los sitiales laterales del coro.

 

PRIMERA CAPILLA MAYOR, Y CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE VILLAVICIOSA

Desde el 1236 y hasta 1607 fue la capilla mayor de la Catedral, donde tenían lugar el rezo de las horas canónicas, misa conventual y ceremonias pontificias. En el 1607, debido a la construcción del crucero, quedará como capilla de Nuestra Señora de Villaviciosa, hasta 1879, momento en el que se le desmantela de su ajuar religioso, para convertirse hasta nuestros días, en un espacio dedicado a actos culturales.

Bajo su gran Arco Toral con escudo del obispo don Iñigo Manrique, este espacio nos recuerda la presencia de la corte en la ciudad.

CAPILLA REAL

La Capilla Real Acogió los restos de los reyes Fernando IV de Castilla y su hijo Alfonso XI, hasta el 8 de agosto de 1736, que se trasladaron en procesión hasta la Colegiata de San Hipólito, por disposición de Felipe V. Supone la mejor representación de arte mudéjar de Córdoba. Una soberbia bóveda de arcos cruzados, mocárabes de yeso que rellenan totalmente los plementos de la cúpula, con un espléndido zócalo de alicatado de cerámica. Todo su espacio se llena de decoración menuda casi plana. Central, la imagen de San Fernando aparece con sus reales insignias.

CAPILLA MAYOR, CRUCERO Y CORO. MEZQUITA-CATEDRAL

Una decisión polémica. Un obispo decidido. Un rey, luego emperador, que da permiso sin conocer el escenario. Y una ciudad orgullosa de su Templo.

Esta obra ocupará cinco tramos de arcos, afectando en gran parte a la primera ampliación. El espacio queda como conjunto cristiano perfectamente definido en sus partes y formas. Una Capilla Mayor con deambulatorio y bóveda gótica, y el Coro del mismo tratamiento.

El inicio de las obras se produce en medio de un ambiente tenso y hostil. En 1523, Hernán Ruiz, dirigirá la nueva edificación hasta su muerte en 1547 y le sucede su hijo Hernán Ruiz II. Al padre se le deben las bóvedas góticas del costado sur del Coro, el contrafuerte de los pies del Coro, así como las bóvedas góticas entre ambos contrafuertes; cubrió la Sacristía y alzó los muros de la nave del Coro por encima de las ventanas góticas. Al hijo, las bóvedas de lacería del crucero y de la Capilla mayor, y los ocho grandes contrafuertes con arbotantes que refuerzan la solidez del edificio.

Crucero Mezquita-Catedral

Crucero Mezquita-Catedral

Juan de Ochoa concluirá la obra de crucero y coro. Con este artista se pasa del Renacimiento Herreriano al Barroco. La cúpula del crucero, monta sobre una gran cornisa con arquitrabe y pechinas ocupadas por los cuatro evangelistas, en lo más alto de ella la Santísima Trinidad. La bóveda del coro muestra una clara influencia de diseño italiano, con gran profusión de estucos, que permiten una iconografía destacada de figuras que aluden a virtudes y personajes bíblicos. Destaca la banda central, con la representación de la titular de la catedral, Nuestra Señora de la Asunción. Terminada la obra queda por adornar el espacio con retablo y púlpito. Y se procede a traslado del coro.

El obispo Diego de Mardones y el hermano Alonso Matías gran artista de la Compañía de Jesús, afrontan y acometen las obras del retablo del Altar mayor. Se crea un espacio monumental cuyo esquema compositivo presenta un único cuerpo de tres calles, donde la característica es la verticalidad, siguiendo un orden único. Mármoles de las canteras de Cabra , Carcabuey y Luque rellenan por completo el espacio añadiendo elegancia a la obra.

El registro central del ático, lo ocupa la titular del edificio, Nuestra Señora de la Asunción. Y junto a ella, San Pelagio, Santa Digna, San Acisclo y Santa Victoria, mártires estos de época musulmana y romana.

El Tabernáculo o Templete encuadrado en un amplio nicho, está compuesto por dos cuerpos, cuadrado el primero y circular el segundo. Rematado por una cúpula, fue iniciado por el hermano jesuita Alonso Matías y finalizado por el maestro Sebastián Vidal. Destacan también las figuras del obispo Mardones y el apóstol Santiago adosados en nichos laterales al retablo.

SILLERIA DEL CORO

Realizada por completo en caoba antillana por el escultor Pedro Duque Cornejo, que falleció apenas dos semanas antes de la inauguración, y cuyos restos descansan hoy a la entrada del coro. Se trata de una obra magistral y única, no sólo por la calidad del material, sino por su composición y belleza. La exquisitez y la minuciosidad de su factura le otorgan un papel destacado en el conjunto catedralicio.

Los medallones grandes de las sillas altas representan los misterios de Jesucristo en un lado y los de la virgen en el otro. Los menores, escenas del Antiguo Testamento. Los medallones de En las sillas bajas, tal decoración, la componen mártires y escenas de sus martirios.

Coro Mezquita-Catedral Córdoba

Sillería del Coro Mezquita-Catedral Córdoba

El trono episcopal se presenta como un retablo que corona todo el conjunto, compuesto en dos cuerpos y tres calles. Conformado de tres sillas con sus correspondientes doseles, siendo el del prelado el más alto. La parte central está dedicada a la Ascensión del Señor. Esta escena nos muestra una gran perspectiva con las figuras de los apóstoles arrodillados. Las virtudes se presentan sentadas sobre parte de la cornisa curva, y remata la composición el Arcángel San Rafael.

Una pieza procedente del antiguo coro, el águila-facistol, destinada a la lectura de la palabra, complementa este espacio de obligada visita y de absoluto respeto.

A la grandeza de la obra de la capilla mayor y del crucero, se la dota de un lugar para la proclamación de la Palabra. El modelo elegido de los púlpitos será equiparable en belleza, calidad de materiales, composición y decoración, al coro. Los símbolos de los Evangelistas sobre los que descansan los púlpitos, se atribuyen a Miguel Verdiguier. Alonso Gómez de Sandoval realizará los medallones, con escenas de la predicación aquellos de la Epístola, y con la vida de Jesucristo los del Evangelio.

 PATIO DE LOS NARANJOS  Y TORRE

Tres grandes puertas principales: Puerta del Perdón, puerta de Santa Catalina y Arco de Bendiciones, dan acceso a un espacio mágico. El Patio de los Naranjos , con cipreses, palmeras, y naranjos en hilera, imita la disposición de las naves de la Mezquita. Un olivo y un cinamomo acompañan sendas fuentes.

El Patio de los naranjos tiene un diseño barroco. Sus galerías fueron reconstruidas a comienzos del siglo XVI. La solidez de sus arcos peraltados y la variedad de sus capiteles, hacen de ellas un lugar armonioso y seguro. La música de este espacio la pone el agua. Gotas de vida que corren por las cañerías hasta las fuentes, y donde destaca la de Santa María. Cuatro caños en sus cuatro ángulos, donde corre el agua y las leyendas. El maestro Tomás Jerónimo de Pedrajas la dotó de un estilismo barroco y romántico, que sirve de parada para deleite de todo el patio.

 

 

Adosada al interior del muro norte que cierra el patio, se encuentra la Torre de la Catedral. Recubre el antiguo Alminar de Abd al-Ramhan III como una almendra dentro de su cáscara. Este esbelto campanario de esquema manierista, obra de Hernán Ruiz III, tiene planta cuadrangular y seis cuerpos en vertical, siendo el último de planta circular. Es el más pequeño, y sobre su cúpula se encuentra una imagen de San Rafael.

La riqueza de su decoración anuncia signos de un barroco andaluz. Un edificio y un espacio, el lenguaje del tiempo, sólidas palabras en forma de sillares, arcos, pilastras, capiteles, mosaicos y cúpulas. Un laberinto de historia y de retos. Se admira lo que se observa, se anhela lo que se imagina. No es sólo un edificio, es la Mezquita Catedral de Córdoba.

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Texto

M.C.B

F.O.T.G.

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