Apogeo cultural y social de una época, materializado en el salón del trono. Escenario arquitectónico para las celebraciones y recepciones más importantes, que evidencia a través del arte, la trascendencia de un nuevo estado. Epicentro del despliegue artístico, social y cultural de Medina Azahara. Esta ciudad palatina concebida con la firme intención de impresionar, muestra en el Salón Rico, su mayor sentido.

Concebido en unidad con el Jardín Alto, el edificio de planta basilical se yergue como uno de los mejores manifiestos de arte islámico en toda la península.

Cinco naves paralelas, más amplia la central, y una nave trasversal a modo de pórtico. Las dos naves laterales quedan abiertas  a la sala principal, formada por las tres centrales, a través de  una sola puerta, y concentrando en sus muros, arcos ciegos y el vasto del programa decorativo. Paneles de mármol esculpidos, mostrando en su nivel inferior representaciones terrenales, en el nivel central mediante la decoración de los arcos, el paso hacia lo divino que queda representado en la parte superior. En concordancia, el artesonado que cubre toda la estancia, donde quedan  representadas las estrellas en una clara alusión al firmamento. Una representación cósmico-divina que pretende encumbrar la figura del propio califa, creando un escenario acorde para tal presencia.

Sustentaban la estructura 34 columnas de mármol, rosa y azulado, rematadas con cimacios y  capiteles de avispero de la mejor talla. Las basas también finamente labradas, portan inscripciones epigráficas como las que nos permiten saber la fecha de construcción. En tan sólo tres años (953-957) se construye el salón. Y por su corta vida y ninguna modificación posterior nos permiten estudiar un lugar único. La mejor fábrica de arte califal Omeya en su concepción original, sin añadidos ni alteraciones.

Las tres galerías centrales quedan conformadas por dos arcadas que al alcanzar el muro Norte, constituyen el lugar predilecto del enclave. Es aquí donde toma lugar el califa. Bajo un arco  que alcanza aquí la concepción califal definitiva, estableciendo así las características  de este arco de herradura.  Interpretación y evolución del anterior arco  romano-visigodo, que por su continuo uso los musulmanes convierten en propio. Trasdós peraltado respecto al intradós, despiece de sus dovelas hacia la línea de imposta, y todo en un juego decorativo donde el arco acaba enmarcado por un alfiz. Eterna la alternancia decorativa de las dovelas iniciada en la Mezquita fundacional de Córdoba. El rojo almagra de las dovelas era frecuentemente usado en suelos, zócalos e incluso aljibes. Es sin duda la bicromía rojo-blanco es uno de los aspectos estéticos más característicos de la ciudad palatina de Medina Azahara.

Toda la sala cuenta con una decoración de atauriques que cubre por completo la superficie de los muros, enjutas y dovelas. Tan perfecta y embriagante, que acaban por darle nombre a la estancia.  Elaborado con materiales más nobles que los constructivos,  se distribuyen como la piel del edificio en un perfecto orden, creando el escenario planteado.

Las tres naves en su lado sur, desembocan en otra trasversal que con cinco arcos se abre al jardín alto, permitiendo con su orientación que la luz entre directamente en la sala, constituyéndose en uno de los aspectos más relevantes del enclave. Los ricos materiales que conformaban la piel de sus muros jugaban con sus rayos  y reflejos,  creando efectos y sensaciones que hoy se describen en crónicas y leyendas. Una incluso llega a hablar del uso del mercurio, que plácido hacía las veces de espejo, permitiendo que la luz se irradiara aún más por la estancia. Pero en movimiento, la luz haría sumergirse al visitante en un mar de reflejos.

Quedan pues, cerradas al ambiente central las dos galerías laterales. Este anexo a la sala central tiene distintas dependencias, entre ellas baños y patios, como el conocido patio de la pila, y serían de uso privado y frecuente del califa.

El Jardín alto constituye parte de escenario. Una composición en equilibrio geométrico, donde un  templo enfrentado al Salón Rico, ocupando la parte central, estaba rodeado por  cuatro albercas  que contienen el bien más preciado de un oasis. Cuatro parterres con jardines regados por acequias terminan de componer el lugar creando así, un simbólico paraíso a las puertas del Salón Rico.

Actualmente los  trabajos de rehabilitación del Salón rico, no permiten su visita. Estos pretenden la recuperación y su reposición original, de gran numero de atauriques, y la recuperación del agua en la alberca principal del jardín alto. Esto concedería de nuevo algo de vital importancia en la concepción de Medina Azahara. El agua.

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N.C.C.